Al estar platicando con alguien te aseguro que tu mirada estará puesta en la cara de la otra persona. La cara contiene muchísima información que a veces no le damos la importancia necesaria. Es el resultado de emociones, decisiones, ambiente y ADN que heredamos. Fisonomistas, médicos chinos, criminólogos, muchos especialistas se han dado a la tarea de investigar más el significado de las facciones que los seres humanos tenemos y que de hecho nos da una radiografía de la personalidad y talentos con los que contamos.

El rostro trae una carga importante de las emociones que experimentamos día a día. Es una herramienta de autodiagnóstico que ayuda a evaluar nuestras diferentes percepciones del mundo. Por ello, la cara cambia y está comprobado que los huesos se tardan 10 años, los músculos y cartílagos alrededor de los 2 y 3 años en modifcarse.

La cara, además de tener características físicas, siempre está en movimiento. Las emociones se cristalizan por gestos en ella. Existen personas que lo hacen de manera obvia y otras que no tanto. Para éstos segundos, las microexpresiones son la manera de hacerlo. Es información emocional involuntaria que se emite en un microsegundo y que difícilmente se detecta. La importancia de ellas radica en que demostrará a veces más de lo que estamos conscientes que sentimos y sin duda no nos dejará mentir. Se basan en las 7 emociones básicas que estableció Paul Ekman: alegría, tristeza, ira, contempt, asco, miedo y sorpresa.

En términos de Imagen Pública, es una herramienta muy interesante para determinar la esencia de la persona. Ayuda a conocerse más y así la potencializa en el proceso de comunicación con el exterior. Asimismo le permite explotar más sus habilidades al conocerlas y entender sus fortalezas.

Por eso la próxima vez que estés platicando con alguien, realmente vele la cara porque seguramente él te la estará viendo a ti.

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