Aunque el título suene a uno de película de terror, recuerden que la realidad supera la ficción y eso fue lo que me pasó hace unas semanas cuando tuve una boda en San Miguel de Allende. Cuando les platico mi anécdota, mucha gente me dice, y ¿por qué no la metiste? Por dónde lo vea, es una declaración absoluta que mi mente andaba en dónde no debía y esa falta de atención hizo que se quedara justo en la cama.

Ahora lo puedo contar con risas, y he de confesar que en ese momento no fue tan crítico, porque algunos de los entrenamientos que he tenido están muy basados en encontrar la solución antes que en centrarme en la emoción o el evento. Aunque en otras cosas no funcionan tan bien aún, en este caso fue buscar opciones antes de que tuviera que estar lista y arreglada en la boda.

El reto fue encontrar una tienda, farmacia o súper que vendiera cosméticos. Conforme buscábamos, mi mente sólo iba generando soluciones para comprar los menos productos y lograr el objetivo. Aquí te dejo lo que compré y por la módica suma de $215 pude superar mi crisis y hacer milagros con esos productos.

Maquillaje

1. Un delineador negro: Me sirvió para hacer el famoso «cat eye», enmarcar el ojo y al difuminarlo me ayudó a generar un smokey eye. Con él maté 2 pájaros de un tiro: sombra y delineador. ¡Nunca debe de faltar!

2. Rimel: Un maquillaje sin pestañas rizadas, no es maquillaje. Hasta el más natural necesita abrir la mirada. Aquí descubrí que hay más variedad de rímeles de lo que podríamos imaginar. Yo lo escogí por «de tin marin». Pero me han dicho que hay unos buenísimos en esas tiendas de hueso de mamey.

3. Sombra para cejas: Con el tema de comunicación facial, he entendido la importancia de pintarse las cejas. A veces creo que es más importante este paso, que otros muchos porque en verdad enmarca la mirada y le da mucha fuerza al rostro. Mi maquillaje, SIEMPRE incluye el pintado de ceja. ¡Recuerda que si las tienes oscuras tiene que ser con una sombra café y no negra! Queremos darle fuerza y no que queden como asotador.

4. Blush: Un poco de color que de esa apariencia de salud, NUNCA está por demás. Yo si no me lo pongo siento que me veo enferma.

5. Brochas: Aunque no lo creas, tuve que comprar unas brochas que me ayudaran a hacer magia. No son ni remotamente profesionales, pero cuando pruebas las bondades de tener una buena herramienta para hacer el «trabajo rudo», no puedes regresarlo a hacerlo de otra manera. Si no tienes, en verdad es un MUST. Luego escribo al respecto, porque es un tema para poderle sacar jugo a tu maquillaje. Aquí no encontré las otras para aplicar el blush y difuminar más.

Nota: Es importante aclarar, que por milagro de la vida, mi base de maquillaje sí la traía. ¡Era lo único! Entonces, si tuviéramos que sumar un «must» para esos momentos de emergencia, sería algo que te ayude a emparejar el color. Ya sea una bbcream, polvo, o base.

¡No creas que quedó súper profesional! Pero al menos, me sacó del apuro y entendí que cuando hablamos de belleza no tiene que ver con el presupuesto sino con la creatividad. Es muy cierto que no es lo que tengas, sino lo que puedes hacer con lo que tengas.

¿A ti te ha pasado algo similar? ¿Qué hiciste después de llorar? jaja… ¡Gracias por leerme y hasta la próxima!

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