Cada vez más tengo el gusto de conocer a personas que se dicen ser socialmente responsables. Este término que se pusiera tan de moda entre las empresas desde la década pasada, ahora llega a las personas como poseedoras también de una marca personal (personal brand)- de la cual hablaremos más adelante – y concepto que así como en las empresas, le da un valor agregado a estos individuos.

El ser una Empresa Socialmente Responsable implica el tener una filosofía empresarial que ayude a la comunidad con una causa determinada y exige de manera interna tener ciertos lineamientos con sus empleados. En términos empresariales, existe un Organismo que se encarga de auditarlas,  pagando una buena cantidad, para dictaminar si son viables o no de portar el tan codiciado logotipo. Sin embargo como persona creo que el auditor más difícil de convencer  ERES TÚ, considerando los parámetros que solemos tener con nosotros mismos.

Mucho se han criticado estas labores empresariales en donde se argumenta que únicamente se realizan con fines mercadológicos (más específicamente de Relaciones Públicas) y fiscales. Lo rescatable, desde mi punto de vista, es que de la manera que sea se está realizando una actividad a favor de la comunidad y la gente que tiene la oportunidad de llevarla a cabo de manera directa, se sensibiliza y lo empieza a hacer por convicción; aunque claro, no me gustaría generalizar.

Creo que esta cultura se ha permeado y ahora es más frecuente que existan personas socialmente responsables que se han puesto la camiseta por alguna causa en particular, sin ser necesariamente personalidades públicas. Ecologistas, los preocupados por los niños, adultos mayores, por la alimentación en México, enfermos terminales, etc, posiblemente no acabaría de enumerar las grandes causas que existen y por las que ya hay gente luchando.

Hablando en términos de imagen pública, estas posturas les generan valor a las marcas personales de cada individuo que las practica. Son percibidas de una manera más positiva y se vuelven voceros de una nueva cultura de valores  que envuelve, entre otras cosas, un gran trabajo en equipo. Sin embargo, además de extenderles una gran felicitación a todas estas personas socialmente responsables, me gustaría invitarlas a que día a día ajusten sus lineamientos internos para poder aportar más a nuestro entorno. Sería una contradicción el no darnos a nosotros lo que sí le damos a los demás.

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