La sonrisaSin temor a equivocarme estoy segura de que la sonrisa que enmarcaste al ver por primera vez a tu bebé, te graduaste, diste tu primer beso, lograste algo, ha sido una de las más sinceras, amplias, simétricas y hasta brillantes de tu existencia. Ese momento mágico te hizo sentir tantas cosas que la sonrisa fue la puerta de salida para todo lo que sentiste.

Conforme pasa el tiempo, nos enfrentamos cada vez a más retos y nos olvidamos de esta práctica universal y sanadora del alma y le vamos abriendo la puerta a la sonrisa como mecanismo de defensa o bien como máscara ante emociones no tan positivas. ¡No me lo tomes a mal! En nuestra cultura es visto como un gran aliado porque comunica cordialidad, empatía, genera reciprocidad y sobre todo va a producir endorfinas que nos ayudan a sentirnos mejor. ¿Pero cuántas de esas sonrisas que generas al día son realmente genuinas?

Cuando somos niños tenemos una gran capacidad de sorpresa y reímos casi de todo, pero al crecer vamos perdiendo esta capacidad para darle voz a nuestro pensamiento y dejar de disfrutar las cosas tan sencillas que viven a nuestro alrededor.

Al reírte en serio, notarás que se te hacen las “patas de gallo” y contrario a lo que podrías pensar, éstas son el bello recordatorio de que has sentido felicidad; según algunos expertos, incluso te hacen lucir más encantadora y te ahorrará una buena cantidad de dinero en productos antiarrugas. Con tan sólo sonreír, tu cuerpo percibirá una sensación de bienestar que puede ayudarte a mejorar tus relaciones y abrirte caminos que quizá desconoces.

Los chinos tienen un dicho que aplica para el tema de la sonrisa: “Fíngela, fíngela, hasta que la sientas”. A veces cuesta trabajo plasmarla en la cara por las circunstancias que estamos viviendo. Sin embargo, vale la pena intentarlo hasta lograrlo. Los resultados son sanadores y con 5 minutos de “terapia de sonrisas” a solas, verás el gran cambio que puedes generar.

¡Te mando una sonrisa del corazón!

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