A lo largo de la historia, la banda presidencial siempre ha sido un elemento protocolario distintivo del Poder Ejecutivo. Está regulada en la ley sobre Escudo, Bandera e Himno Nacional en su artículo 34 en donde textualmente señalaba hasta el 23 de junio del 2010:

“La Banda Presidencial constituye una forma de presentación de la Bandera Nacional y es emblema del Poder Ejecutivo Federal, por lo que sólo podrá ser portada por el Presidente de la República, y tendrá los colores de la Bandera Nacional en franjas de igual anchura colocadas longitudinalmente, correspondiendo el color de verde a la franja superior. Llevará el Escudo Nacional sobre los tres colores, bordado en hilo dorado, a la altura del pecho del portador, y los extremos de la Banda rematarán con un fleco dorado”

Hasta ese día el color verde iba en la parte superior y era el único que se alcanzaba a ver claramanete (hay que recordar que la banda siempre se lleva dentro del saco, únicamente en cambio de poder es por fuera). Sin embargo este 15 de septiembre se mostró a nivel mundial esta nueva regulación en la ceremonia del Bicentenario.

Felipe Calderón, como titular de la Presidencia, portaba una combinación de alto contraste con una corbata que se conoce como “power tie” (plateada). Denotaba en su vestimenta un código de autoridad que subió mucho más con esta modificación.

En la psicología del color, el rojo comunica agresividad, pasión, autoridad. Sin duda con los otros elementos que portaba, esta implementación le sirvió para comunicar más su posición como la persona más poderosa (por lo menos teóricamente y sin evaluar las realidades ecomómicas y sociales que vivimos en México) del país.

Lógicamente hace “click” el cambiar el orden para que represente el acomodo original de nuestra bandera. Sin embargo y en términos de imagen pública, también lo hace el hacerlo para que el color rojo quede más a la vista y así se proyecte esa autoridad que la investidura presidencial trae consigo.

[facebook_ilike]

Share: