El ser un embajador de la empresa a veces implica tener más poder del que  podríamos imaginar. Si no me creen, recuerden la última vez que fueron a comer a ese restaurante en donde “María” no había tenido el mejor de sus días y los trató mal. ¿Salieron hablando mal de “María”? o más bien ¿salieron hablando mal del restaurante? Les puedo asegurar que sus respuestas fueron “hablando mal del restaurante”.

Esto ocurre en todos los niveles en dónde cada uno de los empleados de la empresa se vuelve un vocero o bien embajador de ella. Son los encargados de mostrar la calidad de la Institución y su buen o mal desempeño le dará información al receptor para saber si cumple o no con la imagen que están vendiendo.

Lamentablemente, pocas veces se entiende de este valor de la titularidad hasta que casos como el de Steve Jobs resuenan a diferentes niveles. Su renuncia estremeció al mundo tecnológico, pero también al bursátil en dónde el valor de las acciones de Apple cayó un 8% (20 mil millones de dólares). Posiblemente esta caída se justifica porque en gran medida él ha sido el generador de ideas para crear el desarrollo tecnológico de Mac, aunque si somos realistas, durante el último año ha estado la mayor parte de él en licencia.

En junio del 2009 pasó algo muy curioso.  Apple presentó el iPhone 3G (segunda versión) y al no estar presente, las acciones cerraron con una baja del 0.5%. En términos de percepción, su salida viene a cambiar las cosas en la empresa y han buscado reducir las repecusiones haciendo énfasis en que seguirá formando parte del Comité.

Posiblemente muchos pensarán que pocas veces una Institución recae con tanta fuerza en su titular, pero no hay que perder de vista que  a nuestro nivel, nosotros podemos causar también pérdidas tanto económicas o de reputación que a la larga podrían afectar nuestro bolsillo.

“Si vives cada día de tu vida como si fuera el último, algún día realmente tendrás razón.”

Steve Jobs (2005)

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