Seguramente a todos nos ha pasado. Estamos en una reunión en donde no conocemos a casi nadie y de manera espontánea nos ponemos a platicar con la persona que está a nuestro lado.  No me dejarán mentir, pero casi como protocolo, la pregunta obligada es – ¿A qué te dedicas?- Cada vez que llega esta pregunta a mis oídos me cuesta un poco de trabajo contestarla. Efectivamente, de primera intención digo que soy una Consultora en Imagen. Sin embargo, el estereotipo de esta profesión siempre conlleva a una realidad limitada en donde únicamente se piensa en la apariencia física.
Sin duda alguna, la manera en que nos vestimos genera un impacto importante en las personas. El 83% de las decisiones las tomamos por medio de los ojos y es el primer estímulo que recibimos en un contacto directo. La imagen física ha tomado mucha fuerza como un sistema de comunicación con la sociedad, pero vale la pena resaltar que también lo es con nosotros mismos.  El ser un Consultor en Imagen Pública abarca mucho más que sólo ser especialista en Imagen Física. También se considera la manera en que las personas se comportan (protocolo y etiqueta), la manera verbal y escrita en la que se comunica, sus espacios; en sí todo lo que hable de ella (tarjetas de presentación, redes sociales, etc.) y que generen opiniones en otras personas y que con el paso del tiempo se convertirán en la reputación de la persona.

Por esto, nuestra Imagen Pública es un activo que tenemos que cuidar y en el que tenemos que invertir. Un Consultor en Imagen puede ser una opción objetiva que te ayudará a proyectarte de una mejor manera por medio de recomendaciones particulares. Sin embargo, el trabajo fuerte lo realiza cada uno de ustedes en la implementación y sobre todo en el trabajo interno que se realiza día a día.

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