convirtiendo joyasNadie dijo que la vida iba a ser miel sobre hojuelas. Sin embargo, existen momentos que en verdad te marcan la existencia por la gran cicatriz que dejan en el alma, y de hecho también en el rostro. He leído cientos de caras y en algunas, al preguntar lo que ocurrió y el regalo que dejó esa gran experiencia, no me han sabido contestar.

Cuando yo hablo de trabajo personal, sin duda me refiero a la reinterpretación de los eventos para ayudarnos a ser más conscientes de nuestra existencia. ¿Qué quiero decir con esto? Que al repasarlos el objetivo no es generar más dolor o encontrar a los culpables del evento, es mas bien entender las razones PARA las que pasó y de esa manera empezarle a sacar jugo a esa gran experiencia.

Soy de las que cree que todas las experiencias que vivimos en nuestra existencia tienen por supuesto que su causa, pero el realmente desmenuzar el efecto, nos puede sorprender de la gran joya que nos ha regalado el haberlo vivido.

Repito y repito la palabra joya, porque de hecho abro la categoría a lo que sería más bien una perla. Las lecciones de vida, cuando se trabajan se vuelven perlas. Se les llama así en la cultura china porque en realidad una perla se forma cuando un cuerpo extraño entra al interior del cuerpo del molusco, que reacciona cubriendo lentamente la partícula con una mezcla de cristales que se conoce como nácar. ¡Imagínate el milagro que ocurre adentro! Algo terrible que pudo haberla matado, la convirtió en una auténtica joya.

Este proceso tarda años. Se cree que llegan a ser 10 años para que se forme una perla. Por eso, aquí te quiero invitar a que vayas transformando esos dolores en grandes perlas. Posiblemente ha pasado ya tiempo y aún sigues tratando de cubrirla en nácar. ¡No desistas! Porque no podemos dejar de lado el gran valor que una experiencia tan dolorosa, puede traer a nuestras vidas cuando lo hacemos consciente.

¿Tú que has convertido en perla?

¡Gracias por leerme y compartir tus comentarios!

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