Bien diría Sofía Macías del Pequeño Cerdo Capitalista que hay que aprender a diferenciar entre un capricho y una inversión. El capricho, se vale cuando hablamos de finanzas personales, pero también hay que saber en qué momento y tener una planeación para no descapitalizarnos. Éste nos satisface a nivel emocional y por supuesto que producimos tantas endorfinas que todos hemos tenido este tipo de compras que aunque sabemos que no son inversiones, nos hacen tan felices que ni importa. La inversión, es otro cantar porque ella nos servirá para que en el tiempo no pierda su valor y en caso de querer venderla, poder hacerlo sin ningún tipo de remordimiento.

Entendiendo la diferencia, que podría pasar por opuestos, imagínate que existe un bien en donde podemos juntar ambas y se llama joyería. Sí, puede ser esa compra que genera muchas endorfinas, pero a la vez una que no pierde su valor en el tiempo. La palabra joya proviene del francés antiguo “joie” que significa alegría, gozo, ¿qué otro argumento necesitamos para reforzar la posibilidad de realmente sentirnos bien cuando lo portamos? No es novedad que sea una fiel creyente que en donde tendríamos que enfocar mucho de nuestra atención justo es en los accesorios. Semióticamente hablando comunican mucho y más cuando son de calidad. Aunque no lo creas, se vinculan con poder y entre más discretos y finos dan un mensaje de elegancia y sofisticación.

Las joyas, desde siempre han sido elementos que han estado presentes en todas las culturas y a lo largo de nuestra historia han estado relacionadas a riqueza, expresión artística, amuletos o bien vinculado a un simbolismo más particular como lo es una argolla de matrimonio o un anillo de compromiso. Si lo ves, muchos de los regalos en eventos importantes se relacionan con alguna pieza de algún metal precioso acompañado de alguna piedra porque de una manera sencilla podemos portar ese recordatorio de amor, de compromiso, de presencia con el simple hecho de verlos. Por eso, el valor que obtienen esas piezas sobrepasa por mucho el valor emocional que les damos después.

En México tenemos la gran fortuna de tener una gran producción de joyas hermosas. No sólo por la facilidad de encontrar metales y piedras de gran calidad, sino que los artistas encuentran una manera más de plasmar sus talentos y así regalarnos la posibilidad de acompañar nuestra vida con piezas únicas.

Para los que me siguen en redes, vieron que la semana pasada acudí a un evento sumamente especial. Aunque había visto por muchos lados “Joyerías Bizzarro” (y vaya que por muchos, estaban festejando la apertura número 100 en la nueva Torre Manacar) nunca me había preguntado más acerca de esta empresa y su historia. Imagínate que es una empresa 100% mexicana que inició en 1979 en el Centro Histórico. En ese momento, el dueño sí soñaba con expandirse, pero nunca imaginó que casi 40 años después iba a estar abriendo su tienda número 100. Si nunca has entrado, te invito a que lo hagas porque yo por lo menos encontré piezas hermosas con la más alta calidad y además, vivirás una súper experiencia porque tienen claro que son acompañantes de los momentos más importantes de las personas.

Además de las piezas “Clásicas”, que yo más bien les llamaría básicas (sí, un collar de perlas o bien unos buenos aretes o pulsera para un evento importante), tienen también colecciones que buscan innovar en la combinación de materiales y que además realmente cuentan una historia. La de este otoño – invierno se llama “Calma” y los protagonistas son los diamantes, las gemas preciosas y hasta el oro rosa. ¡Locura! Si no me crees, chécala en su sitio de internet.

Por eso la próxima vez que estés tentada en irte de compras y buscas algo por capricho, mejor invierte y compra alguna pieza que no pierda su valor en el tiempo. Verás que además de mucha alegría, estarás cuidando tu bolsillo. Por cierto, te dejo un video en dónde verás a qué le llamo yo inversión y el “Costo Real por Pieza (CRP)” en el tema de ropa y obvio accesorios.

¡Gracias por leerme y compartir!

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