El otro día pensando en los valores, hábitos y acciones que toda marca personal debía contener, me quedé meditando en uno que en lo personal considero está desvalorizado y que influye mucho en nuestra percepción y en consecuencia autoestima: el perdón. Me parece que siempre estamos hablando de él a terceros y, aunque cada vez más común, el perdón hacia nosotros mismos sigue sin ser prioridad en nuestro plan de acción.

Siempre lo he dicho, nosotros somos nuestros peores jueces. Somos los primeros en ver si nos salió un grano, una longa o simplemente no somos lo suficientemente buenos para hacer algo que otra persona puede. Esa consciencia trae consigo juicios de valor bastante dolorosos  que a veces ni siquiera tienen sentido de ser.

¿Qué pasaría si en vez de ver lo que no somos capaces de hacer valoráramos y resaltáramos nuestros talentos? Ese sería el verdadero significado del perdón. Entender que no podemos ser buenos en todo. Darnos la oportunidad de ser la mejor versión de nosotros mismos sin lastimarnos cada vez que no logramos algo. Simplemente aceptarnos y querernos tal cual somos.

Alguna vez alguien me dijo que si analizábamos la palabra en inglés veríamos que “forgive” se podría traducir si la separamos en “dar”. Se me hizo una analogía que debería de entrar muy bien en todo sistema de valores de cualquier persona. De hecho, parte de los objetivos de nuestra marca personal debería de ser darnos y sustentado en valores como la compasión y empatía con nosotros mismos que a veces descuidamos mucho.

El perdón a terceras personas claro que es importante para no viajar pesado y con ataduras en el pasado, pero creo que el verdadero significado en el branding personal radica en la aceptación de lo que somos y lo que podemos llegar a ser y hacer. Te invito a que te perdones de no ser perfecto a tus estándares. Que perdones a esa persona que en realidad es perfecta porque sus límites son infinitos.

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