10349199_815692191803533_408785057665659138_nLlevo poco tiempo casada y como siempre digo, aún sigo recomendado esta gran experiencia. Digo aún, porque es curioso como te vas dando cuenta cómo ha sido la historia de cada una de las personas según el consejo que te dan. Previo a la boda, existe la oleada de personas que empiezan el consejo con una pregunta: ¿Estás segura que te quieres casar? Otras mientras tanto te aclaran lo difícil que es dándote una cátedra de los muchos obstáculos que vivirás. Termino con las poco frecuentes, pero que se les nota, que han gozado tanto sus años de amor que te dicen que te agarres porque es un maravilloso recorrido.

Yo supongo que yo sigo de luna de miel y cada día enamorándome más de mi marido. Sin embargo, en estos meses, claro que han pasado cosas que me han hecho reflexionar muchísimo. Por un lado, para mí sí fue todo un proceso de duelo de una etapa y sobre todo de mucho descubrimiento. ¡Qué difícil transición y nadie te la platica! El salto entre “hija de familia” a “señora de la casa” resulta ser un poco traumático si pocas son tus habilidades y conocimientos aprendidas y desarrolladas del tema en cuestión. Por otro lado, a mi el tema de convivir con una persona no me ha generado tanto conflicto porque tuve el buen ojo de elegir a una gran pareja, pero el convivir conmigo en otro sistema y bajo otras condiciones, ¡ah que retador ha sido! Literalmente aquí si aplicaría el de “no has sido tú, he sido yo…” (jajaja).

No lo digo en el sentido que no me conocía. Todo lo contrario, creo que conozco muy bien tanto mi lado A, como mi lado B. Sin embargo, nunca terminas de conocerte y la vida en matrimonio a mi me ha dejado al descubierto viejas heridas que pensé que ya tenía sanadas. Bien dicen por ahí que el matrimonio es la maestría y claro que sí, es todo un proceso de purificación de heridas del pasado. Es mostrar tu ser más vulnerable y con esa vulnerabilidad tratar de irlas sanando con el paso del tiempo para el bien de la persona, pero sobre todo de la relación.

No tengo la menor duda que nosotros elegimos a nuestra pareja para que se vuelvan nuestros grandes maestros. Sin embargo, a veces en este proceso humano y muy naturales de querer tener la razón, las 2 partes salen perdiendo y mucho. Por eso, aquí una lista de lo poco que he aprendido en este tiempo. Estoy segura esto es solo el inicio de las lecciones, pero me encantará que me retroalimenten aquellas que ya llevan más brecha recorrida.

  1. Cuando gana uno, pierden los 2.
  2. Tener la razón sale muy caro.
  3. La suavidad es la mayor fortaleza que se puede tener en cualquier relación.
  4. Aceptar tu vulnerabilidad es la única manera de poder trascenderla.
  5. La vulnerabilidad no es mala.
  6. La mujer tiene todo el poder emocional de la relación. ¡Hay que ser conscientes y asumir nuestra responsabilidad!
  7. Amar es un acto de voluntad y de mucha constancia. Elijo amar a mi pareja HOY (y así todos los días…).
  8. Lo que me choca, me checa… En vez de enojarme, qué me estás mostrando de mí.
  9. No porque a uno le parece el fin del mundo, es el fin del mundo.
  10. Mi pareja no es mi enemigo… (Aunque a veces así lo parezca… jaja..)

No acabaría porque tengo un diario lleno de grandes lecciones, algunas de ellas mucho más personales, pero como te dije, yo voy empezando la maestría. Creo fielmente que sí, el matrimonio te hace crecer de muchas maneras y sí, es más fácil estar solo, pero lo que ganas compartiendo tu vida con alguien, en verdad que no tiene precio…

Me encantará que me ayudes complementando esta gran lista. Entre más conscientes hagamos estos procesos, menos retadores serán.

¡Nos leemos a la próxima!

[facebook_ilike]

 

 

Share: