Cuando la mujer deja de ser espectadora y se vuelva protagonista es cuando su liderazgo se deja ver. Sin duda alguna, la imagen física, profesional, verbal, y todo lo relacionado a la comunicación por estímulos no verbales tiene un impacto importante en la percepción que se da de nosotras en cualquiera de nuestros mundos. Sin embargo, existe algo mucho más importante y que impacta con una fortaleza mayor y es la actitud que se emana y que se crea de manera directa en relación a nuestra autoestima.

El reto de la mujer hoy en día no radica únicamente en estar en las posiciones de poder, sino realmente demostrar su competencia y capacidad en todos los niveles. Se ha comprobado que las mujeres ejercen un liderazgo completamente diferente al de los hombres. ¿la razón? Tan sencilla como que somos diferentes. Los talentos estereotipados por género aplican, pero más allá de eso, deberíamos de entender las características que nos hacen únicos y que van más allá de ser mujeres u hombres.

Un buen liderazgo y correcto desempeño profesional de toda persona se basa en una autoestima sana. El descubrimiento de nuestros talentos (mejor conocidas como fortalezas), así como los objetivos a los que queremos llegar nos ayudan a tener claridad al caminar y por lo tanto a proyectar mayor seguridad. Esa seguridad y claridad nos vuelve poco vulnerables a irnos por caminos no correctos y a dudar de decisiones que hay que tomar. Nos obliga a delimitar nuestro comportamiento basado en valores y por lo tanto a desenvolvernos de una mejor manera.

Existen muchas maneras de descubrir los talentos. Hay test, pruebas psicométricas, consultorías, coaching, etc.¿la más fácil? Observarnos y ¿por qué no? Preguntar. Yo no creo en las recetas de cocina. Posiblemente algunos tips podrían ayudar a mejorar nuestro desempeño como mujeres en el trabajo, pero la mayor responsabilidad está en cada una de nosotras de encontrarnos y proyectar lo que somos y lo que queremos.

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