Todos los días pasamos frente al espejo por lo menos 10 minutos haciendo cosas: lavándonos los dientes, rasurándonos, maquillándonos, vistiéndonos. Lamentablemente, para muchas personas esos momentos pueden ser los más difíciles de su día porque simplemente no les gusta lo que ven reflejado ahí.

Te reto a que lo hagas y de manera más consciente analices lo que sientes. ¿te gusta lo que ves? ¿Te sientes cómodo? SI no es así, no te preocupes, hay muchas personas que experimentan eso también. No se si te ha pasado, pero seguro te has cachado en varias ocasiones diciéndote cosas horribles. Nosotros somos nuestros peores jueces. Nosotros vemos y resaltamos el grano que nos salió y ni quien lo note. Esa nariz  que sientes que está más ancha o muy aguileña o demasiado grande. Siempre buscamos ponerle pero a nuestra cara y a nuestro cuerpo.

En gran medida no te culpo, estamos expuestos a una cantidad impresionante de estímulos visuales que alteran nuestra percepción del mundo y en consecuencia de nuestra realidad. Buscamos ser como las modelos o como el ideal de belleza que no existe porque hasta a ellos los han “photoshopeado”.  Eso nunca lo podremos cambiar, pero sí podemos cambiar la manera en que nosotros nos vemos.

Observar es un arte. Tendemos a ponerle juicios de valor a las cosas de manera automática usando calificativos que a veces ni siquiera aplican. La observación es un proceso que nos debería de dar la oportunidad de DESCRIBIR por medio de la información que obtenemos las cosas.  DESCRIBIR como es nuestra cara, DESCRIBIR como es nuestro cuerpo. Te puedo apostar que sin juicios de valor empezarás realmente a observar ese cuerpo y cara que tienes y no lo que no concuerda con el estereotipo de belleza.

Aprendamos a observar y sobre todo a ¡verle el lado hermoso que tienes!

[facebook_ilike]Todos los días pasamos frente al espejo por lo menos 10 minutos haciendo cosas: lavándonos los dientes, rasurándonos, maquillándonos, vistiéndonos. Lamentablemente, para muchas personas esos momentos pueden ser los más difíciles de su día porque simplemente no les gusta lo que ven reflejado ahí.

Te reto a que lo hagas y de manera más consciente analices lo que sientes. ¿te gusta lo que ves? ¿Te sientes cómodo? SI no es así, no te preocupes, hay muchas personas que experimentan eso también. No se si te ha pasado, pero seguro te has cachado en varias ocasiones diciéndote cosas horribles. Nosotros somos nuestros peores jueces. Nosotros vemos y resaltamos el grano que nos salió y ni quien lo note. Esa nariz  que sientes que está más ancha o muy aguileña o demasiado grande. Siempre buscamos ponerle pero a nuestra cara y a nuestro cuerpo.

En gran medida no te culpo, estamos expuestos a una cantidad impresionante de estímulos visuales que alteran nuestra percepción del mundo y en consecuencia de nuestra realidad. Buscamos ser como las modelos o como el ideal de belleza que no existe porque hasta a ellos los han “photoshopeado”.  Eso nunca lo podremos cambiar, pero sí podemos cambiar la manera en que nosotros nos vemos.

Observar es un arte. Tendemos a ponerle juicios de valor a las cosas de manera automática usando calificativos que a veces ni siquiera aplican. La observación es un proceso que nos debería de dar la oportunidad de DESCRIBIR por medio de la información que obtenemos las cosas.  DESCRIBIR como es nuestra cara, DESCRIBIR como es nuestro cuerpo. Te puedo apostar que sin juicios de valor empezarás realmente a observar ese cuerpo y cara que tienes y no lo que no concuerda con el estereotipo de belleza.

Aprendamos a observar y sobre todo a ¡verle el lado hermoso que tienes!

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