Cada vez que doy taller de Comunicación Facial, no puedo evitar tocar el tema de la escucha. En nuestra sociedad, las relaciones personales y laborales requieren de una “buena escucha” en dónde es valorada, apreciada y hasta requerida. Sin embargo, creo que hemos perdido de vista un punto importante, y es que a veces el escuchar de más tampoco es bueno.

Las orejas no sólo es de nuestro cuerpo físico la manera que escuchamos. También en Comunicación Facial nos habla de la manera en que lo hacemos. Cuando llego a esta facción es inevitable hablar de las ventajas de “no escuchar” y es que está presente en muchos líderes que se han escuchado más a ellos que a el mundo. Sin duda se vuelven personas valientes que luchan por lo que creen y que los lleva a un entendimiento más profundo de su ser en caso de tener un dialogo interno constante.

Por otro lado, las facciones no son buenas o malas, simplemente van a marcar un potencial que podemos usar de una manera positiva o negativa. Lo malo de escucharte mucho es que definitivamente puedes caer en ser una persona intolerante y con poca capacidad para comunicarte de manera activa con los demás.

El otro lado de la moneda viene cuando alguien escucha mucho a los demás, a nivel social te puede ayudar, pero qué tanto te puede limitar en vivir tu vida de la manera en que deseas. ¿Qué tanto los prejuicios pueden ser factores clave para no hacer cosas que realmente te hacen feliz?

Odin Dupeyron, ser humano al que admiro, dice en su obra de teatro ¡A vivir! (por cierto muy recomendable) “No hay peor sordo que el que no quiere escucharse”. Es un arte que nos debe de ayudar a tener diálogos y confrontaciones constantes de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Una herramienta que nos puede ayudar a tomar decisiones de una manera más sencilla y que sin duda puede ayudarnos a lograr, en nuestra definición, ser personas más felices y exitosas.

[facebook_ilike]
Share: