En México, así como en más de 40 países pero en diferente fecha, el 10 de mayo celebramos el Día de las Madres. Es un día importante, tanto que me atrevería a decir que fiesta nacional, porque no sólo en esta cultura son un pilar y fuente de valores, sino que habla de esa persona que con un gran esfuerzo ha dedicado parte de su vida a otra(s) personas.

El día de la madre nació en Grecia en dónde se hacían fiestas en honor a Rhea madre de Júpiter, Neptuno y Plutón. Luego en Inglaterra en el siglo XVII, se instituyó el “Domingo de servir a la Madre”, en dónde se les daba el día libre (con todo y su paga correspondiente) para ir a visitar a sus mamás. En Estados Unidos la historia cambia un poco. En 1904, una mujer pierde a su madre y escribe a todos para conmemorar el aniversario luctuoso de ella en esta fecha. En México, no es hasta 1922 que se institucionaliza y se vuelve un día oficial. Al final, el origen de la tradición nos ayuda a entender un poco lo que celebramos. Si lo basamos en lo que los ingleses hacían, es un día para estar con nuestras madres y porqué no, agradecerles y expresarles lo que son y significan.

Mucho se ha criticado la tradición por la comercialización que ha tenido el día. Sin embargo, yo soy de la idea que cualquier día es un excelente pretexto para que se sientan apapachadas y que con mayor facilidad podamos nosotros externar nuestra gratitud hacia estas guerreras. La pregunta aquí sería, hoy y siempre ¿qué haces para que ella se sienta consentida y halagada?

Por este medio quiero externar mi admiración y respeto a todas y cada una de las mamás de este mundo. ¡Son un pilar indispensable para cada familia y en consecuencia para toda nuestra sociedad!

¡Gracias mamá porque tú eres mi ejemplo ha seguir! ¡TE AMO Y ADMIRO!

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