Hoy en día existen un sin fin de propuestas para sentirnos mejor. ¡Es una realidad! Nuestro mundo y estilo de vida nos exige estar cambiando constantemente y buscar el bienestar por donde sea. Efectivamente, un cambio de imagen puede ser un buen comienzo para darle más forma al fondo. La pregunta aquí sería ¿qué puede hacer el cambio de color en el pelo, ropa nueva o una postura más erguida por nosotros si no lo hacemos desde adentro?

Yo no lo digo, el mismo Einstein decía que “los problemas significativos que afrontamos no pueden solucionarse en el mismo nivel de pensamiento en el que estábamos cuando lo creamos”. No podemos esperar aumentar nuestra autoestima con un cambio de imagen cuando el problema viene desde adentro. Efectivamente sí le pondrá un parche o un curita porque todo cambio externo causa cambios internos, pero ¿cuánto tiempo nos maquillaremos (en el caso de las mujeres), vestiremos y recordaremos que el estilo envía un mensaje constante?

Por mi profesión obviamente no puedo estar en contra de todos esos estímulos porque la realidad es que hacemos juicios de valor en menos de 20 segundos que atribuyen identidades y que afecta nuestra toma de decisiones. Sin embargo, a veces perdemos de vista ese fondo que también es importante porque es el que va a generar la recompra. Es el que va a decirle al mundo realmente quiénes somos y es el que nos va a recordar a nosotros mismos quién habita nuestro cuerpo (que a veces, por duro que parezca, ni a él conocemos).

Todo cambio que se quiera conservar y mantener en el tiempo debe de llevar un cambio de actitud, de paradigmas, de hábitos y sobre todo debe de tener una dirección clara.  La creación de una reputación se basa en una constancia y congruencia. Para que existan estos dos elementos deben de salir de adentro para afuera.

Hoy te invito a que todo cambio que decidas hacer, lo hagas con una consciencia, congruencia y una dirección clara.

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