¿Quién no ha escuchado la frase de cómo te ven te tratan? Me atrevería a decir que todos lo hemos hecho, y más en está cultura tan llena de sabiduría popular. Ahora bien, podremos o no estar de acuerdo con ella. Nos parecerá o no una injusticia, pero no podemos negar que es una realidad tangible a todos los niveles  y en la que nosotros mismos caemos.

Para no ir muy lejos, es viernes en la noche y ¿qué es lo que hacemos si vamos a salir? Habrá gente que se bañe, otra que simplemente se perfume. Pero lo que es un hecho es que buscaremos no solamente sentirnos bien con nuestros lindos trapitos, sino VERNOS bien para por lo menos atrapar una que otra mirada perdida en el lugar. Llegamos al lugar, nosotros creemos que nos vemos bien -porque a veces el espejo nos hace una mala jugada – y simplemente el señor cadenero se pone sus moños y no nos deja pasar. Nos ignoró y de reojo nos hizo una mirada de “aquí no pasas”. Al vernos en un espejo –que no es el nuestro- resulta ser que nos pusimos una playera fluorescente untada al cuerpo, con unos pantalones de pinzas entubados de brinca-charcos, calceta blanca y unos zapatos con la suela rota que visiblemente desentona con el atuendo.

¿Qué pasó? Definitivamente arrancamos miradas, y más considerando que el 83% de las decisiones las hacemos por los ojos, pero sinceramente no creo que hayan sido muy halagadoras. Los científicos todavía no se ponen de acuerdo, pero el tiempo en que el proceso cerebral decodifica los estímulos –EFECTIVAMENTE, lo que usamos como ropa es considerado un estímulo- toma entre 5 y 12 segundos. Si hacemos cuentas, es un hecho que pasamos más de 12 segundos en la puerta, tiempo suficiente para que no sólo el señor cadenero, sino el resto de la gente presente, realice los famosos juicios a los que SIEMPRE estaremos expuestos por el simple hecho de tener una imagen.

Yendo a las raíces, es importante definir que la imagen es una figura, apariencia, semejanza, representación; que expuestos a un proceso mental en donde se involucran sensaciones pasadas, genera una imagen mental que producirá un juicio de valor. Dicho en un modo mucho más sencillo –y basada en la teoría del señor Victor Gordoa- imagen = percepción y TODO, inevitablemente, tiene una imagen. El proceso de percepción es una sensación interior que resulta de impresiones hechas en nuestros sentidos, y al ser algo subjetivo, concluimos que la imagen siempre es relativa. Es un hecho que cada cabeza es un mundo, pero debemos siempre de considerar que todo lo que hacemos tiene un objetivo por conseguir, una audiencia bien definida y sobre todo que nosotros somos seres únicos. Por ello, nuestra imagen debe de estar enfocada en estas tres variables para conseguir producirla de la mejor manera. Recuerda, entre mejor sea la imagen, mayor poder de influencia tendrás.

Por todo esto, la próxima vez que vayamos a salir un viernes en la noche, no sólo tendremos que perfumarnos y guiaremos por lo que nos dice nuestro espejo, también tendremos que pensar a donde iremos, de quien queremos robar miradas y sobre todo QUIENES SOMOS para que esas imágenes mentales produzcan juicios de valor halagadores. Más allá de impresionar al señor cadenero, o bien de proyectar una imagen engañosa –que después hablaremos de ella-, no olvidemos que lo que perciban será también el modo en que seremos identificados, y por lo consiguiente la manera en que nos traten.

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