A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad y el apoyo de “perseguir mi sueño”. Posiblemente suene a cliché, sin embargo, es una frase que tiene un poder impresionante por el significado que le ponemos. De chiquitos nos enseñan a soñar, a imaginar, a visualizarnos, pero cuando entramos a un mundo real, a veces perdemos esa capacidad de luchar por perdernos en rutinas y necesidades económicas que nos imposibilitan la lucha de esos sueños.

Yo siempre he sido de la idea de motivar a conseguir los sueños, porque sigo creyendo que son para eso, para conquistarse en base a conquistarnos a nosotros mismos. Entrando en esa dinámica y bajo la premisa que los sueños deberían de constituirse bajo un autoconocimiento previo, me repican las palabras que escuché de una persona a la que admiro mucho. El me decía que muchas veces soñamos con ser cantantes, actrices, futbolistas profesionales, sin embargo no sólo se necesita de perseverancia y mucha pasión para lograrlo. También de algo que conocemos por TALENTO.

Ante ese comentario, y yo utilizando varios ejemplos que he visto como casos de éxito en dónde el talento o habilidad no se tenía, pero la disciplina lograron desarrollarla, brinqué a decir que sí coincida con él, sin embargo que existía algo que era la pasión que sin duda lograba esa fórmula mágica particular para logarlo. El, ante mi insistencia, me dio un  ejemplo que quiero compartir con ustedes para justamente evaluar esa arriesgada posibilidad de “perseguir nuestros sueños”.

 “Si una persona quiere ser cantante de ópera y no tiene las cuerdas vocales para hacerlo, por más práctica y disciplina que tenga, será muy difícil que logre ser una persona destacada en esa área; o bien el costo de oportunidad de invertir años de clases, dinero, esfuerzo, frustración, sacrificios, entre otras cosas, POSIBLEMENTE no valdrá la pena porque esa espera nunca será recompensada con algo mejor”.

Ante esta idea no quiero decirles que ya no estoy a favor de apoyar la lucha de sueños, TODO LO CONTRARIO. Cada vez más creo que somos capaces de cumplirlos, pero ahora me gustaría agregar un ingrediente que creo que NUNCA sale sobrando y es el autoconocimiento, con esa capacidad de anteponer tus prioridades y dando plazos para no esperar de más que esas puertas se abran.

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